Cronista de Hecelchakán Lic. Sergio Hdez. Puga
Cronista de Hecelchakán Lic. Sergio Hdez. Puga
 

BOLONTIKÚ

Ya se concretó la edición de mi séptimo libro "Bolontiku", que se se presentará en la Concha de la ciudad de Hecelchakán a las 20:00 Hrs.  el sábado 10 de diciembre. Todos están cordialmente invitados..

Ya están definidos los presentadores y la organización del evento está en marcha.

Eso sí, lo preciso, con cierta inquietud, que No se regalarán libros el día del evento.  Cuando están financiados con recursos públicos se regalan, pero en esta ocasión no es así ya que yo los financié.

 El libro es breve, consta de 50 páginas y el día  del evento estarán disponibles para quienes lo quieran adquirir y cada obra tendrá un costo de $ 70.00 pesos.

Yo financié la impresión y tiene  un gran contenido y un misterio por resolver. Quienes logren adentrarse en los conocimientos que vierte, encontrarán una gran fuente de sabiduría. Es un libro muy especial que solamente llegará a manos de quienes realmente han seguido mi trayectoria.

En los poemas de este libro está contenido la conclusión de mi búsqueda por la vida, por descifrar lo que es el enigma de la vida. Encontré el gran secreto que los mayas tenían como estilo y proyecto de vida y fundamento de su civilización.

Ojalá lo comprendan quienes lean el misticismo de esta obra. Agradezco, de antemano, al público en general, su presencia el día del evento. Todos, sin excepción están invitados a la presentación. Serán bienvenidos.

 

"BOLONTIKÚ"                                                                                       Hipólito Caamal Ku, Ingeniero, Músico y Pintor

Los nueve dioses mayas o los Bolontiku son comúnmente confundidos con deidades nocturnas y oscuras, sin embargo, el estudio serio de ellos dentro del contexto de los mayas nos demuestra que los Bolontiku lejos de ser deidades malignas eran sumamente benéficas y benignas para ellos.

 

Los Bolontiku eran poderosos guías que los aconsejarían o iluminarían en la toma de decisiones ya sea tanto en actividades banales como decisivas (ellos le llamaban “primicia” a este hecho), así que daban guía e inspiración para lidiar con temas como: comercio, nacimientos, matrimonios, espiritualidad, siembra, agricultura y guerra. Dado que los nueve rotaban cada día, se debería hacer bajo la tutela de cada uno de ellos y este pasaría a ser su ángel guardián.

 

Su obra en general nos recuerda en términos poéticos ese sentimiento y esa nostalgia que todos los peninsulares llevamos en nuestro ADN indígena heredado de esos grandes hombres, inmediatos antepasados nuestros, y que el mundo con admiración y respeto conoce como la civilización maya. Grandes hombres que crearon una grandiosa civilización y toda una cosmogonía, artes y ciencia que los hace iguales, y en muchos aspectos superiores a las civilizaciones del viejo mundo.

 

Y es precisamente en este mundo maya donde nuestro autor navega con soltura. Es en este universo cultural donde encuentra la fuente de la inspiración para sus creaciones. Aquí es donde están los elementos que emergen en sus obras: Chaac, Itzamná, Hunabku, Xtabay, sacbeh, ik, kin, lol y todas esas entidades y circunstancias que habitan en su poesía. Y es aquí donde Bolontikú emana.

 

Bolontikú es la última entrega literaria de Sergio y en ella se percibe una vez más su afán por transmitirnos a través de la poesía, ese sentimiento y ese sentir que aún tenemos los mayas de ahora.

 

Bolontikú es también un recordatorio de que aún no hemos ni debemos perder ese pensamiento mágico que heredamos de nuestros ancestros. Nos dice también que las cosas y las ideas, por muy triviales que parezcan, son las que integran también el verdadero mundo maya.

 

No en vano en la presentación de su obra el autor dice: “amplios son los conceptos del mundo maya. Vistos desde la modernidad se le reconoce su belleza y armonía. La metáfora y la poesía también fueron preponderantes…el tiempo pasa, el futuro tiene sus razones, pero la cultura maya está vigente hoy día más que nunca”.

 

Los que hemos tenido el placer de leer como primicia los 28 poemas y las cuatro prosas de esta obra, observamos que ella está estructurada en tres etapas literarias: surrealismo maya, Bolontikú y Venus, el lucero de la mañana.

 

En surrealismo maya los elementos inspiradores son en su mayoría vegetales y animales comunes que casi a diario vemos, pero por su naturaleza cotidiana pasan casi desapercibidos. Así, tenemos el pich, el pixoy, el ciricote, el armadillo, el gusarapo; todos ellos se transforman en personajes principales y dan pie al desborde del lenguaje para mirarlos con el cristal de la poesía.

 

Acaso armadillo sea el poema más tieno para mi gusto:

 

Mi tímido armadillo solitario

Te dicen ermitaño y también necio;

Yo sé que amaste fiel hasta el calvario.

 

Y no podía faltar el Popol Vuh con el que se abre esta antología:

 

Es voz el Popolvuh, es glifo y verso;

El culto con el alma de armadillos

Que Octavio paz propone en su universo.

 

En la segunda parte llamada Bolontikú se abordan temas que nacen de la complejidad humana. Características que llevamos desde los inicios de la humanidad y que aún persisten como una tinta indeleble en la naturaleza del hombre.

Así, poemas como lujuria, aristocracia, esquizofrenia, prostitución, codicia homosexual, lesbiana, pederasta, son tratados de manera más descriptiva y poética que como una crítica innecesaria y vana.

 

En codicia el autor dice:

 

Señor de la codicia, don dinero

Billetes quieres más, sin fin tus ansias,

Inicias tus conquistas desde cero

No quieres lucha, quieres las ganancias.

 

Tal vez los poemas más audaces sean homosexual, lesbiana y pederasta. Leemos por ejemplo en lesbiana:

 

Verdad elemental de las lesbianas,

Señora de caricias enredadas,

Tu símbolo es la hiel, dolor de ranas,

Al éxtasis andrógino le agradas.

 

Finalmente, en la tercera y última etapa el autor se la dedica principalmente a Venus, el lucero de la mañana. Utilizando la técnica de la prosa crea cuatro temas que nos adentran a sus percepciones personales. Así en Venus y código sagrado se da información básica de este planeta, así como la importancia que significó y la visión personal del autor.

 

En fantasmas universales y yo soy el amor da rienda suelta a sus percepciones y sentires sobre las cosas de la existencia, siempre en un tono interrogativo y existencialista.

 

Ya para terminar quiero comentar que una atenta lectura de los poemas de este libro nos permite ver que el autor hace uso de elementos ajenos a nuestra cultura ancestral, principalmente en la primera parte, y que ingeniosamente los inserta en sus creaciones dando la sensación de alusiones intencionales que nos recuerdan que finalmente la conquista nos condujo dolorosa e inevitablemente a una simbiosis y a un sincretismo con otras culturas, dando lugar a un mestizaje rico en posibilidades.

 

Cuando lean el libro se encontrarán frecuentemente con palabras como: Monalisa, Neruda, Octavio Paz, Arcipreste, Rudyard Kipling, Rabindranath Tagore, Huidobro, Cantar de los cantares, Pocahonta.

 

Una recomendación: cuando lean esta obra procuren estar en paz y cómodos en el silencio de la noche, imaginen estar en aquellos tiempos, lugares y caminos en que los mayas existieron, entonces sólo así se conectarán con Bolontikú.

<<Derrotemos a los Bolontikú: Dr. Gedeón Faber May Xool

      Es un honor saludar a los presentadores en un evento como este.  A ti Sergio en tu séptimo libro. Y por su puesto a ustedes público quienes dan valor a este arte de la escritura poética.

 

       La obra del cronista se conforma de tres partes pero dividiré mis apreciaciones del libro “Bolontikú” en dos, y ambos aparatados  los voy a relacionar con la última parte. Antes de hablar de los temas que aborda la obra, comentaré sobre la estructura literaria que el autor usa para imprimir su tesis poética sobre el intelecto Maya.

 

         En su mayoría las poesías se conforman de sonetos de 11 sílabas. Escribir de esa manera requiere escribir y reescribir y no solamente estar a merced de la inspiración sino también de normas literarias, de sacar la calculadora para contar sílabas, y de elegir palabras que se ajusten a la métrica pretendida: una labor fatigante como todo arte. Este estilo puede quitar naturaleza a la escritura o bien dotarla de un razonamiento más elaborado tal y como sucede en este libro que se presenta.

 

A modo de ejemplo, tu escrito Sergio, sobre el pixoy es uno de los mejores logrados por lo musical de las palabras que empleas tomando a Nicolás Guillén como maestro. Al final de tu soneto se ve que conjugas inspiración y trabajo extra, en busca de hacer rimar la palabra anglosajona jungla con una palabra española. Una empresa nada fácil ya que son escasas las palabras con esta terminación. Lo logras con sílabas onomatopéyicas de la respiración de un pez glu, glu, para enseguida cambiar el intervalo a glun, gla. Un final inesperado. La belleza del lenguaje únicamente por combinaciones de sonido.

 

 El patrón sonético de la obra, estimados presentes,  solo se modifica en dos momentos: en una poesía al ciricote y en el apartado “Venus” donde  el cronista escribe con prosa poética.

 

           Ahora sí entremos a los conceptos que el libro plantea. Iniciamos para ello con la primera parte titulada “Surrealismo Maya”. Si entendemos surrealismo como una condición de ver más allá de la realidad, entonces tenemos que el término referido a los mayas es exacto. Hacer matemáticas para marcar los ciclos de la vida o para predecir eventos naturales para controlar el destino no es algo que ustedes o yo hagamos diariamente. De igual manera el aprecio por lo ecológico, por los animales y por el universo son cuestiones que eran naturales en esa civilización y en nuestro caso son conceptos apartados de nuestra vida diaria. No pienso que los mayas hayan creado constituciones para cuidar a los animales o hayan efectuado cumbres con los aztecas, los olmecas o los toltecas para cuidar el planeta.

 

            El surrealismo maya como decía hace un momento, no era una moda, una corriente artística o psicológica sino una forma de vivir e integrarse con el mundo donde cada elemento que contribuyera a la vida en la tierra era digno de respetarse  y de elevarlo a un rango de Dios. Todos los elementos de la naturaleza y del universo, todos eran complementos del otro, sin distinguir que el otro fuera una persona, un animal o una planta.

 

            Esta interdependencia con la vida natural se evoca cuando el maestro Hernández Puga escribe sobre los árboles en nuestro contexto de Hecelchakán. Dedica ciertas páginas para hablar de los árboles silvestres del patio o de la calle. De esas matas que de niños fueron nuestro control remoto al cielo y al subsuelo.

 

            El libro del Chilam Balán establece al árbol como Pilar de la vida por esa posibilidad de crecer  hacia arriba, hacia abajo y hacia los lados. Sus partes mantienen conectado el cielo con el mundo subterráneo y los puntos cardinales.

 

            El autor poetiza este contexto divino del árbol y recrea en ellos pasajes de otros escritores  o figuras que se le pueden relacionar. Las matas que en su grandeza son livianas. Habla del Pich como pirámide, un Quijote y un paraíso. Creo que no existe en nuestra mente la imagen de paraíso sin la presencia de un árbol.

 

            Aparece también el ciricote, esa mata cuyas flores muchos de nosotros hacíamos sonar como cornetas anaranjadas en miniatura, con su tronco lleno de golpes  por el enorme trabajo de desviar el tráfico del viento. El escritor no deja a un lado al cedro, un árbol al que yo llamaría astuto. Sus ramas se quiebran ante la provocación del viento, pero en su interior realmente posee una consistencia duradera y liviana. No aguanta la provocación del viento, pero sí la provocación del clavo.

            Los árboles de nuestros terrenos constituyeron nuestras plataformas en la infancia, nuestros transbordadores  para salir de la atmósfera terrestre desde el solar y las albarradas de nuestras casas.

            Siempre en la primera parte, Sergio deja por un momento el poder de los árboles, para cambiar al poder de la sensibilidad de los animales. Y así aparece el armadillo y el autor con él. Las matas inspiran autoridad, los animales empatía. Mi armadillo escribe el poeta, despertando cercanía familiar con los sufrimientos que padece causados: por la soledad, por el amor o por las traiciones.

            El cronista, como poeta no teme en humanizar a los animales. Los propios mayas tenían una visión humanizante hacia ellos. Lo que era algo lógico en el pasado, hoy se convierte en una obligación con base a leyes jurídicas que otorgan derecho a los animales. Adelantados a su tiempo los poetas siempre han legislado a favor de los animales. Muy  lentamente  la sociedad va aceptando estos derechos. Por ejemplo es gratificante leer en textos anglosajones el enunciado “animales humanos” cuando se hace referencia a personas y “animales no humanos” cuando se habla de animales como tal. En nuestro país aún no es común el uso de esos términos, aunque últimamente lo leí a propósito de la constitución de la Ciudad de México.

 

            Muchas veces la explicación biológica les resta emociones a los animales. En Madagascar los lémures, cierran los ojos y se ponen en dirección del sol. Para los habitantes de esas tierras los lémures están orando al sol. Para los biólogos solamente disfrutan del calor. La civilización maya  dio estatus de divinidad a la serpiente, al jaguar y a otros animales no humanos en demostración de que eran complemento de la vida y no únicamente formas de vida inferiores.

 

            Pasemos a la segunda parte que contiene el nombre del libro: “Bolontikú”. Mi aproximación al tema la haré desde tres perspectivas teóricas que sitúan este término desde diversos contextos: de los textos sagrados mayas, un recorrido por Tikal y la lectura de un trabajo de Sven Gronmeyer, un arqueólogo alemán.

 

            En primer lugar “Bolontikú” es el término para designar a un número preciso de seres o dioses. Sin embargo el vocablo no comunica el tipo de dioses involucrados. Son nueve pero estos bien pueden ser, buenos, malos o representar un proceso de nueve etapas. Así nueve dioses pueden estar en el mundo subterráneo, en las alturas, en otro lugar.

 

            Justifico mis aseveraciones de nueve dioses buenos en la lectura de un visitante a Tikal Guatemala. En este sitio arqueológico hay precisamente nos dice un visitante, un templo especial dedicado a los nueve dioses-creadores. En este templo se les veneraba y se les consultaba para tomar decisiones correctas en asuntos de comercio, siembra o de matrimonio. Las ceremonias para buscar su guía iban acompañadas de nueve vasos de maíz y se realizaban nueve veces al año. A diferencia de otros dioses que podían brindar la ayuda físicamente o de manera directa, los “Bolontikú” ofrecían su ayuda través de los sueños. Permanecían de pie en silencio pero guiando la experiencia del sueño hacia la mejor decisión.

 

            La segunda tesis sugerida por un arqueólogo alemán indica que estos Bolontikú o nueve glifos  que se observan en diversos calendarios mayas, no evocan dioses sino el proceso de crecimiento del maíz. Sus afirmaciones se basan que en algunas de las nueve figuras puede verse un grano de maíz formando la oreja del glifo.

 

            La tercera acepción es la más difundida y la que tiene más fundamentos y en la que se basa el libro del Profesor Sergio: los “Bolontikú” como seres malignos, seres cuya morada se haya en el mundo de los cenotes, en el mundo de lo subterráneo como señala el Chilam Balán. Estas deidades se encargan de afligir a los seres humanos con distintitas calamidades que le impiden el disfrute de la vida. Sus efectos adversos se manifestaban desde enfermedades hasta la violencia que había entre las personas.

 

            Son estos dioses de la oscuridad que en la historia Maya y de la humanidad parecen vencer, pues aún aquellos padecimientos que causaban, se siguen experimentando en el día de hoy, ya sea de forma literal con enfermedades, con problemas para convivir con los demás  o como bien se manifiesta en el libro que se presenta esta noche, con Bolontikús del siglo XXI que tal vez no tengan la función de Chamabiac de desnutrir a las personas hasta dejarle solo los huesos , pero sí la función de limitar y en algunos casos impedir el desarrollo de la persona y de la sociedad. Nueve poesías para nueve conductas o estados existenciales que condicionan las aspiraciones de la humanidad. Cada uno de nosotros puede plantear su propia clasificación. Se puede discutir si alguno de estos Bolontikú debe formar parte de este grupo o no, como la adopción de un rol sexual, la esquizofrenia o formar parte únicamente cuando conducen al descontrol. Pero existen otros cuya discusión no puede formularse como la codicia y la lujuria… pero también puede discutirse Sergio, público, agregar otros como el racismo o el terrorismo religioso.

 

            No obstante, ante estos dioses que descontrolan la vida, podemos también formar, como en el caso del templo en Tikal, Guatemala, “Bolontikús” que velen por la armonía familiar, por la paz entre los países, por la igualdad entre razas, por la tolerancia religiosa, por la honradez, por el autocontrol, por la vida, por el esfuerzo y por  la esperanza.

 

            Deidades internas, deidades que guíen nuestras decisiones,  que mantengan alejados o bien custodiados aquellas aspiraciones que parecen en algunos casos atractivos, seductores, llamativos, brillantes, pero que al final reducen o conquistan el espíritu humano.

 

            En mi conclusión de la obra del cronista hecelchakananse, recapitulo las dos partes comentadas y las relaciono con la última parte dedicada a Venus.

 

Tanto en el Popol Vuh como en el  Chilam Balam se habla de dos intentos fallidos de creación del hombre. En el primero de ellos el hombre se construye de lodo, pero el lodo se deslava ante la lluvia. En el segundo intento el hombre se forja a partir de madera, pero su humedad no perdura por mucho tiempo, entonces se seca y por tanto se quema.

 

            En ambos casos los materiales habían sido deficientes por eso en el tercer esfuerzo se mezclan nuevos ingredientes para asegurar la duración del ser humano: se amasa maíz con sangre de tapir y culebra. El hombre que surge a partir de esta mezcla sí logra sobrevivir. Ante esto se formula la pregunta ¿qué hizo que la tercera creación del animal humano fuera un éxito? Las sustancias usadas. Por un lado la sustancia vegetal contenida en el maíz y por el otro la sustancia animal contenida en la sangre.

 

            Entonces es notable la obra del cronista cuando poéticamente nos habla de los árboles y los animales en su conjunto, dejándonos inferir que el hombre sobrevivirá  y podrá reducir, controlar la fuerza de los “Bolontikú” o los señores de la muerte en la medida que  siga conservando en su espíritu, la conciencia vegetal y animal.

 

            Y además añadir a lo animal y a lo vegetal lo astronómico ya que son las fuerzas físicas de los planetas y estrellas que permiten también  la vida en la tierra, y sentir que no somos las autoridades del mundo, ni independientes de los ciclos de las estrellas como venus. Reconstruyámonos de cosmos, hojas y animales y derrotemos a los “Bolontikú, derrotemos a los señores de la oscuridad.

La cultura maya no está extinta: Capitán Joel Pacheco Berzunza

Agradecemos la presencia de cada uno de ustedes en esta ocasión especial. Hoy llevamos a cabo un evento que, lamentablemente, es cada día menos frecuente en nuestra ciudad: la presentación de un libro.

 

Los que somos escritores, sabemos el reto y el mérito que implica publicar una obra literaria en nuestro país, Pero no estamos hoy aquí para lamentarnos de las carencias de nuestra sociedad, sino para celebrar la publicación de una obra de un conocido escritor de nuestra tierra.

 

Dijo el profeta San Juan: “En el principio era el verbo, y el verbo era con Dios, y el verbo era Dios”. Esta cita da testimonio de la sacralidad de la palabra; por la que todo se crea y se recrea. La palabra dio al hombre poder sobre los objetos; los crea y recrea.

El poeta hace uso de las palabras casi de manera mágica y las transforma acorde a su visión del mundo; es un alquimista de la palabra.

 

Y fue esta forma de ver el mundo la que le dio al poeta ese áurea de misticismo que lo rodea. La palabra poesía es de origen griego y significa: creación. La virtud del poeta no es rimar, sino transformar en sus propias palabras su cosmovisión, y de esta manera, revelarnos un mundo nuevo que, sin él, nos sería desconocido.

 

En principio, el poeta es un mago, un hechicero, un hombre sensible que tiene el poder de la palabra. Por algo vate significa “profeta o vidente”; y en las culturas antiguas, se le consideraba como un ser sagrado.

 

“Poetizar: la más inocente de todas las ocupaciones”, dijo Holderlin; también exteriorizó que el más peligroso bien ofrecido al hombre fue el lenguaje, por lo que el ser humano, el individuo, es diálogo. La escritura y la lectura, son una vía para el conocimiento, aunque también corresponde a una concepción de vida, en virtud que reflexionar sobre la palabra es tanto como accionar sobre el mundo.

 

Desde esta perspectiva, la tradición hebrea considera el ejercicio de leer una actividad ritualista por excelencia, ya que persiste un vínculo muy profundo entre la existencia del hombre con la esfera de lo divino.

 

Testimonio de una experiencia vital, no la simple representación gráfica de un texto, el poema se erige como la revelación misma de la vida. En un trazo puede condensarse la violencia del mundo, la reverberación cósmica, la contrariedad de la conducta, el gesto contradictorio del ser humano.

 

Ese es el objetivo de Bolontikú; darnos a conocer la cosmovisión actual de esta tierra maya en la visión del Prof. Sergio Hernández. Darnos a conocer la buena noticia; la cultura maya no está extinta, se recrea cada día en la sabiduría y palabra de sus descendientes.

 

Su servidor Joel Pacheco Berzunza, así como el autor de este libro, agradecen su presencia esta noche. El libro lo pueden adquirir hoy mismo a un precio que más que lucro, es una cuota de recuperación por la impresión y gastos del mismo.